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Saturday, February 2, 2013

2/3/2013 – cuarto domingo en tiempo ordinario – Ciclo C - Jeremías 1:4-5, 17-19; Lucas 4:21-30 –


      Me alegro mucho para servir aquí en Tupelo con ustedes como su sacerdote.   Trabajaba tres años en el país de Ecuador como misionero laico con los misioneros combonianos en una selva tropical.  Cuando trabajaba como sacerdote aquí en nuestro diócesis en la ciudad de Jackson y en el pueblo de Yazoo City, tenía una misa en español, pero no tenía muchas oportunidades para hablar en español con la gente durante la semana.  Entonces, hola pueden tener paciencia conmigo y puedo tener muchas oportunidades para hablar español con ustedes. 
      Yo trabajaba mucho con los prisioneros en los cárceles en estos cinco años en Yazoo City y Jackson.   Pueden imaginar que muchos de los prisioneros no tenían una espiritualidad muy profunda antes de entrar a la cárcel.  Cuando estaba en la capilla de la cárcel federal para celebrar la misa el mes pasado, miré un dicho escrito en la pared de la capilla.  Decía – “No juzguen hoy día por la cosecha que cosechar.  Miren hoy por las semillas que sembran.”  Podemos imaginar que este dicho puede tener significado en las vidas de Jeremías y Jesús.  Jeremías puede oír la llamada de ser profeta en su vida.  Dios explicó a Jeremías que estaba conocido por Dios antes de su formación en el seno de su mamá.  Y su llamad de ser profeta era por todas las naciones, no solo con el pueblo Israel.  Esta mensaje del profeta Jeremías nos da esperanza, pero hay un aviso en el mensaje también, que tendrá oposición y resistencia en su profecía.  Dios explicó al profeta – “Cíñete y prepárate – ponte en pie.”  Pero, Dios explicó también que tendrá protección, que será como una ciudad fortificada, como una columna de hierro, que Dios te salvará de las manos de sus enemigos. 
     Las experiencias de Jeremías tienen un eco en la reacción que Jesús tenía en le sinagoga de su pueblo.  El muchedumbre tenía admiración y aprobación de la proclamación de Jesús, pero, también, tenía pregunta sobre la manera que podía predicar la palabra de Dios como el hijo de José, un carpintero.  En su proclamación, Jesús desafiaba su punto de vista sobre el reino de Dios.  Con eso, el muchedumbre llenó de ira. 
     Jeremías y Jesús sembraban las semillas en la vida del pueblo. Llevaban en mensaje de Dios al pueblo, proclamando el reino de Dios a todo.  Nosotros, también, tenemos la llamada de sembrar las semillas en nuestras vidas, de llevar el mensaje de Dios al mundo.  

Tuesday, January 24, 2012

1/29/2012 – homilia - el cuarto domingo del tiempo ordinario – Marcos 1:21-28


En nuestro Evangelio de hoy, la gente de Israel reconoce que Jesús habla con autoridad – con autoridad en la sinagoga en la asamblea de sábado, con autoridad cuando el demonio sale a su palabra, con una autoridad muy diferente que los maestros de la le.
         Hoy, no estamos en Israel en los tiempos de Jesucristo.  Estamos en una parroquia muy pequeña en un pueblo en Mississippi.  Pero Cristo nos enseña hoy como Él enseñó en esta sinagoga en Cafarnaúm.  Hoy, en su palabra, Él habla como alguien con autoridad.  Él nos ama y Él nos conoce.  Él nos trae la salvación y la redención. 
         Para las personas en el mundo antiguo en los tiempos de Jesucristo, ellos tenían creencia en los demonios, en el mundo do los espíritus.  Hoy, en nuestro mundo moderno, muchas personas piensan que esta creencia es una superstición. Tal vez no conocemos los demonios en la manera que ellos existen en el Evangelio de hoy, pero si, conocemos los demonios en nuestro mundo.  Podemos hablar con las personas que viven en las cadenas de las drogas y el alcohol.  Tenemos un mundo moderno donde hay mucha violencia doméstica, donde el terrorismo y el racismo ya viven.  Hay muchos demonios que nos asustan en nuestro mundo.
         Si, los demonios existen, pero la autoridad de Jesús existe también a su lado, a nuestro lado.  La autoridad de Jesús nos enseña y vence el mal.  Hay una oración que se llama la Oración de Serenidad.  Esta oración dice: “Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar; Valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.”  Si,  hay las cosas en nuestra vida que podemos cambiar con nuestras fuerzas.  Pero, también, hay las cosas y los demonios que necesitamos dejar en los brazos de Jesús.   En el espíritu de Jesucristo, en el poder de su autoridad, podemos ser liberados de los demonios que existen en nuestro mundo.  Podemos avanzar en nuestro camino de fe.