Hoy tenemos unas lecturas de la Biblia muy reveladoras. En primer lugar, del profeta Ezequiel, Dios designa al profeta como centinela de Israel. Es el deber y la responsabilidad de Ezequiel escuchar el mensaje de Dios y transmitirlo al pueblo. Ezequiel debe ayudar al pueblo a arrepentirse de sus pecados. Este mensaje aborda la responsabilidad del profeta hacia la comunidad, nuestra responsabilidad ante Dios y ante nuestro prójimo, y nuestra llamada a corregirnos y guiarnos mutuamente con compasión y con amor. Dios quiere que los miembros de la comunidad se rindan cuentas unos a otros.
Este mensaje se refleja en el Evangelio de hoy, donde Jesús instruye a la comunidad sobre cómo tratar a un hermano que ha cometido un error. Jesús nos dice que evitemos los chismes o las quejas ante otros sobre esa persona. Y esa suele ser nuestra primera inclinación. Pero, en lugar de quejarnos con otros, debemos dirigirnos directamente a esa persona. Si esta persona no responde, entonces debemos llevar con nosotros a uno o dos hermanos para que sirvan de testigos y ayuden a resolver esta situación. Se hace partícipe a la comunidad en general, pero no much; lo justo para llevar al infractor al arrepentimiento. Solo cuando esto no funciona, se presenta la situación ante toda la comunidad. Decir la verdad es importante, pero también lo es preocuparse por la persona en cuestión. Asimismo, es importante velar por toda la comunidad de la Iglesia.
La resolución de conflictos es importante en la familia, en la escuela, y en la comunidad. A veces podemos ver nuestra propia perspectiva, pero no la de nuestro prójimo. A veces nos dejamos dominar por la ira, la frustración o el dolor, lo que nos impide ver la otra parte. A veces tenemos una versión de la realidad, pero solo es nuestra perspectiva, no es la verdad.
Hace unas semanas conmemoramos Santa Edith Stein, una monja católica de origen judío que fue arrestada en Europa durante la segunda guerra mundial. Ell murió como prisionera en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. En los inicios del régimen nazi en Alemania, cuando la situación peligroso allí comenzó con la persecuciones de los judíos, ella escribió una carta al Papa Pio XI en el año 1933 para denunciar la persecución de los judíos en Alemania y en Europa, advirtiéndole que quienes guardan silencio son también responsables. Ella recibió noticia que el Papa recibió esta carta, pero el Papa no respondió.
No podemos permanecer en silencio y complacientes. No podemos permitir que las cosas sucedan si sabemos que se está cometiendo una injusticia. Tenemos una responsabilidad hacia nosotros mismos, hacia la comunidad, y hacia Dios. Eso es porque Padre Tim y yo, con muchísimo trabajo y muchísima responsabilidades, también estamos comprometidos con el ministerio a los prisioneros.
Tenemos una responsabilidad mutua en la sociedad: ayudarnos y apoyarnos los unos a los otros. Es importante para ayudar en el proceso del perdón; a reconciliarnos con nuestro hermano cuando surge un conflicto y a corregirlo cuando necesita corrección.
Pienso en Ezequiel y en su misión de actuar como centinela del pueblo de Israel. Un centinela era aquella persona cuya tarea consistía en apostarse en una torre y vigilar para advertir sobre cualquier peligro inminente. Esta imagen del centinela en la torre ilustra cómo Ezequiel recibía la palabra de Dios y luego advertía al pueblo sobre sus pecados. Así, se esperaba que el pueblo se arrepintiera y se salvara de la ira divina. Dios describió a su pueblo como rebelde, por lo que no era una tarea sencilla. Aunque la labor de Ezequiel no sería fácil, resultaba necesaria para que el pueblo de Dios prosperara.
Esta tarea de centinela no es fácil para nosotros tampoco en el mundo moderno. Al igual que en la época de Ezequiel, hay muchas personas rebeldes que se niegan a escuchar el mensaje de Dios. Muchas veces, nuestro prójimo no quiere escuchar un mensaje sobre sus errores. Sin embargo, el Espíritu Santo está con nosotros. Podemos orar y pedirle a Dios las palabras adecuadas para estas situaciones difíciles.