Showing posts with label 1-9. Show all posts
Showing posts with label 1-9. Show all posts

Friday, April 15, 2022

17 de abril de 2022 - Homilía del Domingo de Pascua - La Resurrección del Señor - Misa del día - Juan 20, 1-9

      El nombre Nikolai Ivanovich Bukharin no significa nada para nosotros, pero en un momento fue uno de los hombres más poderosos del país de Rusia.   Era uno de los líderes de la Revolución Bolchevique en 1917 y el editor del periódico soviético PRAVDA durante muchos años.  También era miembro del Politburó de los lideres del gobierno de Rusia.  Sus obras marxistas en economía y ciencias políticas todavía se estudian en las universidades. Se cuenta una historia sobre un viaje que hizo de Moscú a Kiev en 1930 para dirigirse a una gran asamblea de comunistas sobre el tema del ateísmo.  Dirigiéndose a la multitud, atacó al cristianismo con todas sus fuerzas, lanzando insultos, argumentos y pruebas contra la religión cristiana. Una hora más tarde terminó su conferencia. Bukharin miró a la gran audiencia y preguntó: "¿Hay alguna pregunta?"  Un silencio ensordecedor llenó el auditorio. Después de mucha silencia, un hombre humilde se acercó a la plataforma y subió cerca del líder comunista. El hombre inspeccionó a la multitud primero a la izquierda y luego a la derecha. Finalmente, gritó el antiguo saludo bien conocido en la Iglesia Ortodoxa Rusa: "¡CRISTO HA RESUCITADO!" Toda la multitud se levantó y gritó a una sola voz: "¡CIERTO HA RESUCITADO!" Bukharin no supo cómo responder, así que abandonó el escenario en silencio.  Había aprendido la lección de que la fe en la resurrección de Cristo estaba profundamente arraigada en la gente de Rusia y Ucrania. La Pascua, la fiesta de la resurrección, nos da el mensaje gozoso de que somos un “pueblo de la resurrección.” Esto significa que se supone que no debemos estar enterrados en la tumba. Debemos vivir en el gozo de la resurrección cada día en nuestro camino. Con lo que está pasando hoy entre Rusia y Ucrania, esta es una historia muy relevante.

      En esta alegre mañana de Pascua, profesamos el misterio de nuestra fe: ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡CRISTO HA RESUCITADO EN VERDAD!  Profesamos en nuestra fe que Cristo estuvo muerto y fue sepultado. Creemos este misterio de fe sin ninguna duda.  Sin embargo, también creemos que la muerte no es la respuesta final, que nuestro salvador Jesucristo resucitó de entre los muertos y volverá en gloria.

       Este domingo escuchamos la Buena Noticia de que ninguna tumba puede detenernos: ni la tumba de la desesperación, ni del desánimo, ni de la duda, ni de la muerte.  En cambio, abrazamos el mensaje de la Buena Noticia de alegría y paz, poniendo nuestra esperanza en el Señor resucitado en todos los acontecimientos y en toda la realidad de nuestra vida cotidiana.  En verdad, este es el día que hizo el Señor; estamos llamados a gozarnos y alegrarnos.  La presencia viva del Señor resucitado nos da paz duradera y gozo celestial en medio de las frustraciones, desilusiones, sufrimientos, dolores, y tensiones de nuestra vida cotidiana.

       Este Cristo resucitado está presente para nosotros en los momentos ordinarios de nuestra vida cotidiana de fe, en su Iglesia, en la Eucaristía que recibimos y en la vida eterna que nos espera en el cielo.  En todas estas formas, Cristo resucitado está para darnos sentido y plenitud. Nuestra confianza en la presencia omnipresente del Señor Resucitado nos da fuerza para luchar contra las tentaciones, nos libera de nuestras preocupaciones y miedos. La oración de San Patricio, el Apóstol de Irlanda, nos asegura: “Cristo delante de mí, Cristo a mi lado, Cristo dentro de mí, que nunca se separe”.

      La alegría del Domingo de la Resurrección nos recuerda que aunque podamos experimentar la muerte del Viernes Santo en nuestra vida, también experimentaremos la alegría del Domingo de la Resurrección, en la medida en que Jesús nos hará partícipes del poder y la gloria de su resurrección. Cada vez que demostramos nuestro amor por los demás, compartimos la Resurrección. Cada vez que enfrentamos una traición a la confianza y, con la gracia de Dios, perdonamos al traidor, compartimos la resurrección. Cada vez que fallamos en nuestros intentos de evitar las tentaciones, pero seguimos tratando de vencerlas, compartimos la resurrección. Cada vez que seguimos esperando, incluso cuando nuestra esperanza parece no tener respuesta, compartimos el poder de la resurrección de Jesucristo. En otras palabras, el mensaje de Pascua es que nada puede destruirnos: ni el dolor, ni el pecado, ni el rechazo, ni la traición, ni la muerte. Cristo ha conquistado todo esto. Nosotros también podemos conquistarlos si ponemos nuestra fe y confianza en él.

       ¡Cristo ha resucitado! Él ha resucitado. Bendiciones y alegría para ti en esta mañana de Pascua.


Monday, July 6, 2020

16 de julio de 2017 - XV domingo del tiempo ordinario - Mateo 13,1-9

      Es increíble - la población del mundo ha crecido mucho.  En 1804, la población mundial alcanzó al mil millón de personas por la primera vez en la historia. Este año, la población se estima en casi ocho mil millones de personas. Yo no puedo comprender ese número. La China y la India tienen más de mil millones de personas cada uno.  Ustedes pueden imaginar, un problema que tantos países han enfrentado a la luz de este enorme crecimiento de la población es: ¿Cómo alimentan a tanta gente?  En el año del 1960, un agrónomo de los Estados Unidos fue a la India con un nuevo tipo de semilla de trigo.  Este agrónomo convenció a las autoridades del gobierno de India para que intentaran esta nueva semilla. Plantaron mucho de esta nueva semilla de trigo en la región de Punjab, en la India, donde los resultados fueron maravillosos. Más tarde, introdujeron una nueva variedad de arroz también. Estas nuevas semillas permitieron a la India ya otros países asiáticos evitar el hambre. Hoy día, con su enorme población, la India en realidad produce un excedente de alimentos y se ha convertido en un importante exportador de arroz y trigo.  Aquí, vemos el poder de una semilla con el poder de cambiar el mundo.  Jesucristo, en el Evangelio de hoy, nos habla del poder que la palabra de Dios puede tener. 
      A partir de esta semana, durante tres semanas en seguida, escucharemos de las parábolas de Cristo del Evangelio de San Mateo.  Cristo utilizó las parábolas para demostrar las características del Reino de Dios.  En esta parábola que escuchamos hoy, el sembrador siembra algunas semillas que mueren, mientras otras semillas se produzcan muchos frutos.  Podemos reflexionar sobre la palabra de Dios en nuestra propia vida y en la forma en que sembramos las semillas del reino de Dios en nuestro propio camino.  Todos nosotros, todos los hombres, mujeres y niños sentados aquí hoy en la misa, debemos vivir y sembrar como el buen campesino. Como un agricultor que se enfrenta a las inundaciones, las sequías y otros desastres de todo tipo, estamos llamados a comprometer nuestra vida y nuestro discipulado al trabajo de la evangelización para sembrar semillas de esperanza y fe, sembrar las mejores semillas que tenemos en nuestra vida.  Así como el agricultor usa el sol, los vientos y la lluvia para producir una buena cosecha, debemos usar la realidad de la creación de Dios alrededor de nosotros para sembrar y plantar.  Jesucristo, el Hijo de Dios, está presente en el Espíritu Santo de Dios con nosotros - él provee la gracia de Dios para nutrir y sostener nuestra fe. Sólo si nos dedicamos plenamente a la vida de fe, sólo si usamos los recursos que nos rodean, sólo si realmente le damos el mejor esfuerzo, podremos crecer verdaderamente como discípulos y evangelizar a nuestro prójimo.
        En el consejo parroquial estamos leyendo un libro de la Señora Sherry Waddell titulado Forming Intentional Disciples - Formando Discípulos Deliberados. El libro afirma que un gran error que cometemos en nuestras parroquias es que asumimos que todos los que han sido bautizados y crecen como católicos son verdaderamente evangelizados en la fe.  Este libro afirma que muchos de los que están en nuestros iglesia cada domingo no han sido evangelizados.  Por decirlo de otra manera, ¿cuántos cristianos no están realmente viviendo las vidas espirituales productivas?  Sin embargo, nuestra realidad y los desafíos que tenemos en nuestra vida como discípulos no se suponen que nos deprimen o nos hagan ser cínicos.  Debemos tener animo para afrontar nuestros desafíos con entusiasmo y esperanza, para estar en llamas para el Señor.
       Entonces, podemos tener preguntas en nuestra reflexion sobre la parábola del sembrador: ¿Qué tipo de suelo tenemos en nuestro huerto? ¿Permitimos que Dios arraigue en nuestra vida? ¿Permitimos que la Eucaristía y la Misa entren en nuestra vida y den fruto en el mundo a través de nuestras palabras y nuestras acciones? Buenas preguntas para contemplar en nuestra vida de fe.

Wednesday, March 28, 2018

1 de abril de 2018 – Domingo de Pascua – Juan 20, 1-9


     Podemos ir a la misa cada domingo en nuestra parroquia para celebrar con nuestra comunidad de fe.  En la celebración eucarística, podemos aprender mucho sobre nuestro Señor Jesucristo, sobre su vida, sus milagros, sus promesas, y su proclamación del reino de Dios.  Pero, todo de eso es nada si no creemos en la salvación que tenemos en su muerte y su resurrección.   
       La resurrección de Jesucristo que celebramos este Domingo de Pascua es para nosotros la fundación de nuestra fe.  María Magdalena fue a la tumba de Cristo en las tinieblas de la mañana.  El sepulcro era vacío. Anunció ella a los discípulos – “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo habrán puesto.”  María Magdalena y sus compañeros eran testigos de la resurrección, pero en este momento, no se daban cuenta sobre esta realidad en su plenitud.  La resurrección es la fundación de nuestra esperanza y la base de toda la vida moral del cristiano.  Ser cristiano es vivir realmente en la profundidad y la realidad maravillosa del Misterio Pascual de Cristo.
         Hay muchas personas en nuestro mundo que no creen en el milagro de Pascua, en el milagro de la resurrección.  ¿Entonces, cómo podemos hablar hoy a nuestro mundo de la resurrección del Señor?  ¿Cómo podemos proclamar esta realidad?  Creer en la resurrección es creer en algo que sólo Dios puede hacer. La resurrección nos da vida en una realidad nueva.     La creencia en la resurrección y su realidad en nuestra vida sólo tiene explicación desde la muerte y la experiencia de la resurrección del Señor. Es inútil tratar de explicar la resurrección de Jesucristo a una persona que no caminaba con Él por los caminos de la fe, que no reunía sus cruces que la Cruz de Jesucristo. Comprender la realidad de la resurrección significa haber aceptado la vida que muere en la cruz para esperar una vida nueva más allá de la muerte.  Creer en la resurrección es creer en las promesas de Cristo y tener esperanza en ellas.
      Pero, en verdad, que es la resurrección?  Es el triunfo del amor que es más fuerte que la muerte.   Es empezar de nuevo de otra manera, desde otra realidad.  Esta realidad no existe solo con nuestra inteligencia sino con la fuerza de la fe.  Es increíble porque sólo Dios es quien lo puede hacer.
        Somos creyentes en nuestro Señor.  No nos quedamos solamente en la visión de nuestra existencia en la tierra.  Tenemos la creencia en algo mas.  Vivir en la resurrección de Jesucristo es tener gozo y nueva vida.  La muerte no tiene la última respuesta con las promesas que tenemos en Cristo.  Como seguidores de Cristo, tendremos un horizonte más allá del horizonte de nuestra vista en el presente aquí en la tierra.  Tenemos nuestro Señor como nuestro luz, como el centro de nuestra vida.  Es nuestra realidad. 


Thursday, July 13, 2017

16 de julio de 2017 - XV domingo del tiempo ordinario - Mateo 13,1-9

     Es increíble - la población del mundo ha crecido mucho.  En 1804, la población mundial alcanzó al millón de personas por la primera vez en la historia. A partir de abril de este año, la población se estima en 7,5 millones de personas. Ni siquiera puedo comprender ese número. La China y la India tienen más de un millon de personas cada uno. Usted puede imaginar, un problema que tantos países han enfrentado a la luz de este enorme crecimiento de la población es: ¿Cómo alimentamos a tanta gente?  En el año del 1960, un agrónomo de los Estados Unidos fue a la India con un nuevo tipo de semilla de trigo.  Este agrónomo convenció a las autoridades indias para que intentaran esta nueva semilla. Plantaron mucho de esta nueva semilla de trigo en la región de Punjab, en la India, donde los resultados fueron maravillosos. Más tarde, introdujeron una nueva variedad de arroz también.  Estas nuevas semillas permitieron a la India ya otros países asiáticos evitar el hambre. Hoy día, con su enorme población, la India en realidad produce un excedente de alimentos y se ha convertido en un importante exportador de arroz y trigo. Aquí, vemos el poder de una semilla con el poder de cambiar el mundo.  Jesucristo, en el Evangelio de hoy, nos habla del poder que la palabra de Dios puede tener. 
      A partir de esta semana, durante tres semanas en seguida, escucharemos de las parábolas de Cristo del Evangelio de San Mateo.  Cristo utilizó las parábolas para demostrar las características del Reino de Dios.  En esta parábola que escuchamos hoy, el sembrador siembra algunas semillas que mueren, mientras otras semillas se produzcan muchos frutos.  Podemos reflexionar sobre la palabra de Dios en nuestra propia vida y en la forma en que sembramos las semillas del reino de Dios en nuestro propio camino.  Todos nosotros, todos los hombres, mujeres y niños sentados aquí hoy en la misa, debemos vivir y sembrar como el buen campesino. Como un agricultor que se enfrenta a las inundaciones, las sequías u otros desastres de todo tipo, estamos llamados a comprometer nuestras vidas y nuestro discipulado al trabajo de la evangelización para plantar semillas de esperanza y fe, sembrar las mejores semillas que tenemos en nuestra vida.  Así como el agricultor usa el sol y los vientos y la lluvia para producir una buena cosecha, debemos usar la realidad de la creación de Dios alrededor de nosotros para sembrar y plantar.  Jesucristo, el Hijo de Dios, está presente en el Espíritu Santo de Dios con nosotros - él provee la gracia de Dios para nutrir y sostener nuestra fe.  Sólo si nos dedicamos plenamente a esta vida de fe, sólo si usamos los recursos que nos rodean, sólo si realmente le damos nuestro mejor esfuerzo, podremos crecer verdaderamente como discípulos y evangelizar a nuestro prójimo.
   En el consejo parroquial estamos leyendo un libro de la Señora Sherry Waddell titulado Forming Intentional Disciples. En el libro afirma que un gran error que cometemos en nuestras parroquias es que asumimos que todos los que han sido bautizados y crecen católicos son verdaderamente evangelizados. Afirma que muchos de los que están en nuestros bancos no han sido evangelizados.  Por decirlo de otra manera, ¿cuántos cristianos profesos no están realmente viviendo vidas espirituales productivas?  Sin embargo, nuestra realidad y los desafíos que tenemos en nuestra vida de discípulos no se supone que nos deprimen o nos hagan ser cínicos.  Debemos tener animo para afrontar nuestros desafíos con entusiasmo y esperanza, para estar en llamas para el Señor.
      Yo quiero decir algo.  Nuestra parroquia de St James hizo un esfuerzo muy grande para llevar este programa de ACTS aquí.  Y no estaba mi idea.  Había miembros de nuestra parroquia que tenían ganas de tener este programa de ACTS aquí.  Es la primera vez que tenemos este programa en nuestro diócesis.  Como el trabajo de sembrador en el evangelio, el trabajo de nuestra vida del discipulado es un trabajo de servicio, un trabajo de humildad y paciencia, un trabajo de obediencia y fidelidad. Necesitamos tener, como individuos y como una comunidad, un compromiso con esta programa de ACTS.  En agosto, en menos de un mes, hay un retiro de ACTS para las mujeres, y después, hay un retiro de ACTS para los hombres.  No tenemos muchas personas comprometidos para asistir a estos retiros. Yo he mirado muchos milagros y muchos cambios en las vidas de los participantes de estos retiros. Hay personas en nuestra parroquia que viajan muy lejos para asistir a un retiro, buscando algo.  Tenemos una oportunidad muy buena para tener una experiencia de Dios en nuestra parroquia.  Dios está aquí en estas oportunidades.  Yo ruego que ustedes aprovechar de estas experiencia, sembrando las semillas de su reino en su vida y en la vida de su familia.