Friday, May 29, 2015

31 de mayo de 2015 – La solemnidad de la Santísima Trinidad – Mateo 28,16-20

      Yo tenía mucho gozo cuando me daba cuenta que el 31 de mayo caía en un domingo este año.  El 31 de mayo es la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María a su prima Isabel.  Es una fiesta muy linda en la vida de la Virgen María y en la historia de nuestra salvación, y para mi personalmente, es el aniversario de mi ordenación sacerdotal, que marca 7 años de mi sacerdocio.  Sin embargo, hay una jerarquía de las fiestas y solemnidades en nuestra Iglesia, y hoy, el domingo después de Pentecostés,  siempre celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad.  Entonces, hoy celebramos la Santísima Trinidad en lugar de  la Visitación de María a Isabel.
      Antes de enviar sus discípulos al mundo para ser misioneros del Evangelio, Jesucristo explicó: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”  Es un mandato claro y directo para los primeros discípulos de Cristo y es un mandato muy claro para nosotros también.   El Padre nos dio su Hijo para nuestra salvación.  Y el Padre y el Hijo nos dan el Espíritu Santo como la presencia de Dios con nosotros en la tierra.  La Santísima Trinidad no es algo nebuloso -  vive en nosotros como una realidad concreta.  San Gregorio de Nisa escribió mucho sobre la Trinidad en el siglo cuatro cuando la iglesia tenía un discurso amplio sobre este tema.  San Gregorio explicó que “el santo Bautismo se nos imparte la gracia de la
inmortalidad por la fe en el Padre y en el Hijo
y en el Espíritu Santo.”  Conocemos mucho sobre Dios & sobre la Santísima Trinidad, pero, en su realidad, la Trinidad es un misterio de nuestra fe.  Este misterio de la Trinidad es el punto de partida de toda la verdad cristiana que tenemos.  Es la base de donde procede la vida divina en nuestro mundo con nosotros.  En verdad, podemos declarar sin duda que somos hijos del Padre. Podemos decir que somos hermanos y seguidores y discípulos de su Hijo. Podemos declarar que somos peregrinos caminando continuamente en la luz de la fe con el Espíritu Santo en cada momento de nuestro camino.
      Podemos proclamar al mundo que estamos aquí para hacer cuatro cosas como discípulos de Cristo:
(1) Amar a Dios
(2) Amar al prójimo.
(3) Vivir como discípulos.
(4) Hacer discípulos.
No es algo complicado.  No es algo muy difícil.  Es algo un niño puede comprender.
      Podemos decir con sinceridad y humildad que siempre tenemos mucho para aprender sobre Dios y sobre nuestra fe.  Siempre hay aspectos de Dios y la vida nueva que tenemos en Cristo que no entendemos, no importa el nivel de formación y experiencias que tenemos.  Hay muchas maneras para conocer y experimentar el Dios en la realidad de la Santísima Trinidad.  Dios nos revela su naturaleza divina a través de los profetas y de la Sagrada Escritura, a través de nuestra relación con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y por medio de la comida que compartimos juntos alrededor de la mesa del Señor.  Pero, San Agustín, uno de los teólogos en nuestra Iglesia, dijo esto: Dios no es lo que usted entiende. Dios no es lo que usted piensa que entienda. Si usted piensa que entiende a Dios, entonces usted sabe que ha fracasado. Sin embargo, en nuestra fe, buscamos la comprensión y en la forma en que crecemos en nuestra comprensión, crecemos en nuestra fe también. La fe y la comprensión son dos aspectos de nuestro viaje como cree que un complemento de la otra. Pero, a veces parece que se habla en los círculos o se habla en paradojas acerca de nuestra fe.  El Credo de Atanasio, escrito en la Iglesia Primitiva en el año 500, dice lo siguiente: Las tres personas de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no son tres eternos, sino un solo eterno, no tres todopoderosos, pero uno todopoderoso, no tres dioses, sino un solo Dios.  Es fácil de decir, pero no es tan fácil de comprender.
        La Trinidad es una doctrina importante en nuestra fe, por supuesto. Pero, también, tenemos una nueva vida en la Trinidad a través de nuestro bautismo y en nuestro camino como discípulos en Cristo.  Para nosotros, como creyentes, la Santísima Trinidad nos da la vida, nos da la respiración, nos da una nueva realidad.


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