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Wednesday, March 18, 2015

3/22/2015 – quinto domingo de Cuaresma – Jeremías 32, 31-34; Salmo 51

      Estamos caminando con Jesús en el desierto a su cruz durante los cuarenta días de Cuaresma.  La Iglesia nos llama a practicar las disciplinas de oración, ayuno, y obras de caridad para tener una experiencia profunda en este viaje con Jesús.  Tal vez, en estas semanas de Cuaresma, podemos tener una experiencia muy eficaz y muy edificante.   Pero, muchos de nosotros estamos en un lugar en nuestra vida donde estamos perdidos, donde estamos buscando la presencia de Cristo en nuestra vida, y no podemos encontrarlo en ningún lugar.  Es un lugar de frustración y confusión.
       Dios está con nosotros en la realidad de nuestra vida – es seguro.  En esta realidad, escuchamos el mensaje del profeta Jeremías esta tarde.  El profeta Jeremías nos habla de la nueva alianza que tenemos con Dios, de la nueva alianza que Dios establecería con su pueblo de Israel.  El Señor pondría su Ley en la totalidad de nuestras vidas – El va a escribirla en la profundidad de nuestros corazones.  Por Jeremías, Dios nos dice: “Todos me van a conocer, desde el más pequeño hasta el mayor de todos, cuando yo les perdone sus culpas y olvide para siempre sus pecados”.  Dios va a perdonarnos de nuestros pecados. Dios no habla sobre el castigo, sino por el perdón. 
       Jeremías profetizaba en Israel durante una época muy dura en su historia. En este momento de su camino, el pueblo de Israel no escuchaba la voz de Dios.  Era desobediente y rebelde.  El pueblo ha abandonado la ley y los mandamientos de Dios.   El pueblo ha escuchado los profetas falsas de su sociedad.   Y en los 52 capítulos de Jeremías, el profeta hablaba mucho sobre la ira de Dios contra su pueblo.  Pero, también, en las palabras del profeta, Dios habla hoy sobre su amor infinito, un amor que puede perdonar y olvidar todo nuestro mal, todo nuestros pecados. 
       Pero, necesitamos una respuesta a este mensaje que Dios nos da.  El salmista contesta – “Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.”  El salmista es humilde y arrepentido.   El reconoce la autoridad de Dios en su vida.  El reconoce sus culpas y quiere su perdón.  El quiere cambiar su vida – cambiar su manera de vivir.  Podemos orar las palabras de este salmo cuando queremos arrepentir de nuestros pecados, de nuestros delitos.  Podemos orar estas palabras para pedir una conversión al Señor, para implorar su misericordia y su compasión.
        En la realidad de nuestra vida, en la realidad de nuestros pecados y nuestros sufrimientos, no podemos olvidar la realidad de Cristo en estas semanas de cuaresma.  No podemos olvidar nuestro Señor, que se hizo hombre, que vivió y sufrió y murió y resucitó para salvarnos y redimirnos.  En la luz que Cristo llevó a nuestra vida, tenemos una participación en su resurrección y en su vida eterna.

Wednesday, April 2, 2014

4/6/2014 – Quinto domingo de Cuaresma – Juan 11,1-45

      Hoy es el quinto domingo de Cuaresma.  Estamos en los cuarenta días en el desierto de anticipación y preparación para el final del viaje de Jesús.   En verdad, es el viaje de Cristo con su cruz, pero es el viaje de nosotros también –  Es el viaje a la muerte y la resurrección de Jesucristo en la Pascua, pero es nuestro muerte con Cristo y nuestra resurrección también.
        En nuestra lectura del Evangelio de Juan, Jesús está en la mitad de su ministerio y su proclamación del reino de Dios.  El llegaba al pueblo de Betania, donde vivían sus amigos, Marta, María y su hermano Lázaro. Hay una crisis muy grave en Betania. Lázaro ha muerto. Sus hermanas lloran en la realidad de su muerte. Jesús llora con ellas también.  A veces, hay una crisis en nuestras familias: hijos enfermos, familiares alejados de la Iglesia, problemas con nuestro esposo o esposa, desempleo, violencia, depresión, conflictos en nuestras relaciones. Jesús llora con nosotros en la mitad de nuestra realidad de crisis.  El nos visita en estos momentos en una manera especial.  Hay muchos momentos de crisis en el mundo también, como desastres naturales, terrorismo, guerras, hambre, y pobreza.  Jesús llora por las justicias que existen en nuestro mundo.  Había una crisis en la vida de Jesucristo también. Su muerte en la cruz conmueve las fundaciones de la tierra, el punto de visita de la comunidad humana.  Jesús nos abre los ojos al misterio de la vida nueva que tenemos en El, al poder de Dios.  Jesús asumía nuestra condición humana en su totalidad cuando vivía aquí en la tierra.  Jesús llora con nosotros porque nos ama.  Nos ama como a su amigo Lázaro.
       Jesús fue a la casa de Marta y María para tener una presencia con ellas, para conversar con ellas.  Jesús lloraba con ellas porque amaba a Lázaro, pero su presencia fue verdaderamente consoladora y eficaz. Jesús le dijo a Marta: “Tu hermano resucitará”. Una palabra eficaz. Y una promesa para nosotros también.  “Quiten la losa”, proclamó Cristo. “Lázaro, sal fuera.”  “Desátenlo, para que pueda andar”, ordenó Jesús a la muchedumbre.   Jesús despertó al amigo y lo devolvió a la vida, símbolo de su resurrección.  Tenemos nuestra esperanza en Jesucristo, en su muerte y su resurrección. 

Thursday, March 22, 2012

3/25/2012 – el quinto domingo de Cuaresma – Jeremías 32, 31-34; Salmo 51 -


      Estamos caminando con Jesús en el desierto a su cruz durante los cuarenta días de Cuaresma. La Iglesia nos llama a practicar las disciplinas de oración, ayuno, y limosnas.  Tal vez, en estas semanas de Cuaresma, podemos tener una experiencia muy profunda, una experiencia muy eficaz y muy edificante.  Pero, muchos de nosotros estamos en un lugar en nuestra vida donde estamos perdidos, donde estamos buscando la presencia de Cristo en nuestra vida, y no podemos encontrarlo en ningún lugar.
Dios está con nosotros en la realidad de nuestra vida.  En esta realidad, escuchamos el mensaje del profeta Jeremías esta tarde. El profeta nos habla de la nueva alianza que tenemos con Dios, de la nueva alianza que Dios establecería con su pueblo. El Señor pondría su Ley en la totalidad de nuestras vidas – El va a escribirla en la profundidad de nuestros corazones. Por Jeremías, Dios nos dice: “Todos me van a conocer, desde el más pequeño hasta el mayor de todos, cuando Yo les perdone sus culpas y olvide para siempre sus pecados”. Dios va a perdonarnos de nuestros pecados. Dios no habla sobre su castigo, sino por su perdón.
Jeremías profetizaba en Israel durante una época muy dura en su historia.  El pueblo no escuchaba la voz de Dios en esta época.  El pueble ha abandonado su ley y sus mandamientos.  El pueblo ha escuchado los profetas falsas de su sociedad.  Y en los 52 capítulos de Jeremías, el profeta hablaba mucho sobre la ira de Dios contra su pueblo.  Pero, también, Dios habla hoy sobre su amor infinito, un amor que puede perdonar y olvidar todo nuestro mal, todo nuestros pecados.
Pero, necesitamos una respuesta a este mensaje que Dios nos da.  El salmista contesta – “Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.”  El salmista es humilde y arrepentido.  El reconoce la autoridad de Dios en su vida.  El reconoce sus culpas y quiere su perdón.  Podemos orar las palabras de este salmo cuando queremos arrepentir de nuestros pecados, de nuestros delitos.  Podemos orar estas palabras para pedir una conversión al Señor, para implorar su misericordia y su compasión.
     En la realidad de nuestra vida, en la realidad de nuestros pecados y nuestros sufrimientos, no podemos olvidar la realidad de Cristo en estas semanas de Cuaresma.  No podemos olvidar nuestro Señor, que se hizo hombre, que vivió y sufrió y murió y resucitó para que nuestros pecados.  En la luz que Cristo llevó a nuestras vidas, tenemos una participación en su resurrección y en su vida eterna.