Saturday, January 31, 2026

1 de febrero de 2026 - IV domingo del tiempo ordinario - Mateo 5:1-12

Hoy escuchamos a Jesús proclamar las Bienaventuranzas en el Evangelio de Mateo, al comienzo del Sermón del monte. Es interesante profundizar en el significado de las Bienaventuranzas. Veo las Bienaventuranzas como un misterio de la fe. No es fácil comprender su verdadero significado. Las Bienaventuranzas declaran dichosos or felices a los pobres de espíritu. San Agustín lo interpretó como una referencia a quienes son espiritualmente humildes. “Pobre del espíritu" significa ser dependiente o necesitado, una posición de absoluta dependencia de los demás. Cuando Jesús se refiere a los pobres de espíritu en este contexto, describe a alguien que, en su humildad, reconoce su dependencia de Dios. La esencia de la humildad es lo opuesto al orgullo espiritual. Así que la primera clave para ser dichoso, según Jesús, es reconocer la propia dependencia espiritual de Dios.

Jesús proclama los bienaventurados a los que lloran. Cuando lloramos, experimentamos el dolor de la pérdida. Podemos lamentar nuestro pecados, nuestros sufrimientos, y la pérdida de quienes han fallecido. Jesús proclama que los que lloran serán consolados. La promesa de consuelo es escatológica; se cumplirá en los últimos tiempos, cuando los seres queridos que hemos perdido en este mundo resucitarán, cuerpo y alma, y ​​estaremos con ellos por toda la eternidad, en la vida eterna con Dios. El Libro del Apocalipsis dice: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron." Ese tipo de felicidad es la felicidad suprema.

Lo que les he presentado es una reflexión teológica sobre las Bienaventuranzas. Pero, ¿qué relevancia tienen las Bienaventuranzas en la vida diaria?

En primer lugar, las Bienaventuranzas nos invitan a reconocer la importancia de Dios en nuestra vida y la importancia de depender de Él. A veces, podemos alejarnos de la fe. Estamos muy preocupados en la vida diaria. Dios puede quedar relegado afuera de nuestra realidad diaria. Cuando enfrentamos muchos desafíos o dificultades, podemos reconocer que necesitamos a Dios y lo invocamos en nuestra necesidad. Podríamos reflexionar sobre la realidad de nuestra vida de oración y nuestra relación con Dios. El mundo secular considera que una vida independiente y cómoda es una bendición Pero, la mayor bendición y felicidad en la vida es entregarse completamente a Dios y confiar en Él.


Segundo: Las Bienaventuranzas nos llaman a tener un foco singular en la vida: un foco en Dios. Jesús desea que tengamos una devoción y una actitud centrada en el reino de Dios en nuestra vida presente, y también en el reino de Dios que nos espera en la vida eterna. El Evangelio no es algo que hacemos en nuestro tiempo libre ni algo que abandonamos cuando las cosas se ponen difíciles. No debemos vivir nuestra fe ni dedicar tiempo a la Iglesia solo cuando no hay otros conflictos. Dios nos pide que hagamos sacrificios por nuestra fe, que tengamos hambre de él. Jesús quiere que estemos tan centrados en la alegría del reino de Dios que él nos ofrece. Podemos preguntarnos: ¿Qué deseamos tanto que estamos dispuestos a renunciar a absolutamente todo para obtenerlo, incluso a nuestras vidas?

Tercero, las Bienaventuranzas nos llaman a una vida de empatía y compasión. San Óscar Romero, mártir de la fe de San Salvador, afirmó: “Hay ciertas cosas en la vida que solo se pueden ver a través de ojos que han llorado." Cualquier persona de buena voluntad puede comprender intelectualmente el dolor y el sufrimiento de los demás. Pero es algo diferente unir sus sufrimientos con nuestros sufrimientos y con los sufrimientos de Cristo. Pues, podemos ver el dolor y el sufrimiento de los demás con el corazón, no solo con los ojos. No solo necesitamos hablar sobre injusticia. Necesitamos tener acciones de justicia en nuestra vida de fe.  ¿Cómo podemos ayudar a quienes sufren con nuestras acciones, no solo con palabras?

Las palabras de las Bienaventuranzas De Cristo nos recuerdan que este mundo es solo transitorio, que no es nuestro hogar eterno. Lo que tenemos aquí en la tierra no debería definirnos en la última instancia, ni representa lo que es duradero. Jesús nos recuerda en las Bienaventuranzas que nada en este mundo puede satisfacernos verdaderamente. Solo Cristo puede.

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