Saturday, July 13, 2013

7/14/2014 – decimoquinto domingo del tiempo ordinario - Lucas 10, 25-37

      ¿Qué debemos hacer en nuestra vida aquí para llegar a la vida eterna?  Esta es la pregunta que le hace un maestro de la ley a Jesús en el Evangelio de hoy. Sin embargo, la intención de este maestro en esta pregunta no era buena.  Jesús le pregunta sobre lo que está escrito en la le de Dios y el sabe responder propiamente. El no pide ninguna aclaración sobre el amor que necesitamos tener para Dios, pero lo que no tiene claro es el amor que necesitamos tener para nuestro prójimo. Sucede lo mismo con muchos cristianos.  Muchos cristianos tienen un aparente amor a Dios, pero en cambio, tienen problemas con su amor para su prójimo.
      Los judíos de la época de Jesús también hablaban de su "prójimo", pero entendían como prójimo en una manera muy rígida  - sólo a los judíos.  Los "gentiles", los que no eran de la raza judía, eran despreciados y en los margines de la sociedad judía.  Jesús rompe este punto de vista exclusivo. El amor que Jesús nos trae es más universal que las exclusiones que hacemos como seres humanos.  Jesús es el Gran Maestro: para El, el prójimo es cualquier ser humano, especialmente los más débiles, los mas pobres, los inmigrantes, los extranjeros, los prisioneros, los enfermos, y los mas necesitados del mundo.  
         En nuestra fe, no es suficiente que amamos al prójimo en nuestro corazón.   Es necesario hacer algo provechoso y generoso por nuestro prójimo en nuestras acciones y en nuestras palabras.   El Evangelio de Jesucristo es una constante provocación a las acciones que necesitamos hacer para nuestro prójimo. Si nos quedamos en la belleza de la parábola del Evangelio de hoy, podemos olvidar el mandato final de Jesús en esta enseñanza: "Vete pues y haz tú lo mismo." 
          En verdad, ser cristiano es creer en Dios y en los demás, es amar a Dios y a los demás.  Hay una pregunta para cada uno de nuestros en la luz de las acciones del Samaritano en nuestro Evangelio: ¿Qué puedo hacer por los demás? No es algo complicado para poner en practica la lección de esta parábola. Tal vez, es una acción muy sencilla que tenemos en la llamada de nuestra fe. Tal vez Dios nos pide para dar una sonrisa a alguien solitario o abandonado, para disculpar y perdonar nuestro hermano, para escuchar más que hablar, para orar constantemente para los demás, para denunciar la injusticia en nuestra comunidad y ser justo en nuestra vida.
           El Reino de Dios pasa siempre por el encuentro con nuestro prójimo - con los demás - porque no vivimos nuestra fe solitos.Cada cualidad del Reino que Jesús nos trae en nuestra fe siempre hace referencia a los demás: paz, gozo, alegría, justicia, amor, y misericordia.  Entonces, necesitamos contestar esta pregunta: ¿Qué papel tiene el prójimo en mi vida de fe?

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