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Wednesday, May 1, 2013

5/5/2013 – sexto domingo de Pascua – Hechos de los Apóstoles 15,1-2, 22-29, Juan 14,23-29


         Nuestro Evangelio de San Juan hoy es una parte del discurso de despedida que Jesús comunicaba a sus discípulos a la Ultima Cena.  Jesús conoce que saldrá pronto.  Pero, los discípulos no quedarán solitos en su camino de fe. El Padre y Jesús mismo morarán con nosotros y el Espíritu Santo viene para ser nuestro Consolador.  Con esta presencia, la paz de Cristo será con sus discípulos. 
         Para reflexionar sobre el Evangelio de hoy, podemos mirar el comienzo del Evangelio de Juan, el Evangelio de la mañana de Navidad.  Juan empieza con el comienzo de la creación: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.  El existía en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En El existía la vida, y la vida era la Luz de los hombres.” Cada persona tiene la llamada de ser portador de la paz del Cristo al mundo, la misma paz que Jesús llevaba a sus discípulos en la Ultima Cena antes de su muerte y su resurrección. 
         Vivimos en un mundo donde muchas personas no tienen mucha paciencia.  Queremos todo muy rápido – en un instante.  No tenemos mucha paciencia con nuestros hijos, con nuestros familiares.  En las calles, podemos mirar los conductores con mucha cólera.  ¿Cómo podemos encontrar la paz en la mitad de nuestra ira y nuestra impaciencia?
         La paz de Cristo no es algo que podemos crear por nosotros mismos.  Recibimos esta paz de Cristo mismo.  Esta paz no vino al mundo en el momento de la Ultima Cena – tiene su fundación en la acción de amor y de bondad en la creación del mundo.  Recibimos esta paz como don de Dios, como don de su misericordia y compasión. Y tenemos la llamad de vivir in esta paz, para tenerla en nuestros corazones. 
         En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles.  Unos seguidores de Cristo de Judea vieron a la comunidad cristiana a Antioquía – ellos insistieron en unas demandas estrictas por su salvación, demandas como la circuncisión.  Sin embargo, Pablo y Bernabé apelaron a Jerusalén para resolver este desacuerdo.  Con este ejemplo, podemos reconocer que la paz a veces necesita la confrontación y la reconciliación. Ambos lados tendrían un punto muerto o irían a sus caminos separados.  La paz que Cristo nos da necesita el coraje y la persistencia.
         Podemos preguntarnos esta pregunta cuando miramos al mundo a todo que pasa: Donde está la paz de Cristo en la mitad de la violencia, la incertidumbre, y el sufrimiento del mundo.  Tal vez necesitemos preguntar otra pregunta - ¿Qué puedo hacer para llevar la paz de Cristo en mi vida propia y en el mundo?  Con la presencia del Espíritu Santo en mi vida, ¿qué puedo hacer para ser portador de esta paz? 

Thursday, May 10, 2012

13 de mayo de 2012 – sexto domingo de Pascua - juan 16, 9 - 17


       Las lecturas de hoy, del sexto domingo de Pascua, nos hablan sobre el amor que tenemos con nuestras relaciones con nuestro Señor, Jesucristo.  Dios mismo es amor – es un mensaje que tenemos en muchos sentidos en las lecturas de los Evangelios en la Biblia.  Y hoy, Jesús nos explica que el amor que el Padre y el Hijo tienen para ellos mismos es un amor que ellos nos dan en nuestras relaciones con Jesucristo.  Y ellos nos dan este amor para tener mas gozo en nuestros corazones.  Es una maravilla para reflexionar sobre estos pensamientos.
Como ustedes conocen, la semana pasada yo regresé a Mississippi después de mi peregrinación a España al Camino de Santiago de Compostela.  Una noche al fin de la peregrinación, yo dormí en un albergue que es muy antiguo, donde peregrinos han dormido para mas de 500 años.  Este albergue está ubicado en la orilla de un rio en el pueblo de Ribadoso donde hay un fuente de la época medieval.  Me sentí una conexión con los peregrino que caminaron estos senderos desde el inicio de peregrinación en el noveno siglo.  Puedo imaginarme el amor y la fe que estos peregrinos tenían en sus corazones para hacer esta peregrinación.  Yo tenía muchas dificultades en mi peregrinación – mucha lluvia, mucho frio, pies dolorosos, una tos y una gripe muy fuerte. Pero, los peregrinos en los tiempos antiguos tenían problemas mas fuertes sin un lugar muy seguro donde ellos pueden pasar la noche, ni una mochila ni zapatos buenos.  Ellos caminaran muchas veces solo durante la noche porque ellos tenían miedo de los ladrones.  Es amor, es fe para hacer una peregrinación en estas condiciones muy duras.  Estos peregrinos aún tenían mucho gozo en sus corazones.
Los peregrinos viajando a Santiago de Compostela en España encontraron mucho amor en su viaje, en cada paso en su camino.  Ellos pueden ver el amor de Cristo en las relaciones que tenían con los otros peregrinos en el camino.  Entonces, podemos preguntarnos: ¿Donde podemos encontrar el amor de Cristo en nuestro viaje de fe cada día?  ¿Donde podemos mirar este amor de Cristo interactuando con nosotros?  ¿Y como podemos pasar este amor a nuestro prójimo?