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Thursday, August 15, 2013

8/18/2013 – vigésimo domingo del tiempo ordinario – Jeremías 38, 4-6, 8-10, Lucas 12, 49-53

      Seguir la palabra de Dios en nuestra vida no significa que tendremos una vida muy tranquila.  Los profetas de Dios predicaba la palabra de Dios con honradez, con el resultado de división en su comunidad.  Algunas personas que escuchaban la palabra se arrepentían.  Pero, otros querían matar a los profetas por sus palabras honestas.   El profeta Jeremías proclamaba un mensaje contra la guerra en Israel y predecía la caída de Jerusalén.  Su mensaje provocaba mucha división en su comunidad.  Su mensaje era una amenaza a los gobernantes de su ciudad, entonces ellos lo lanzó en una cisterna embarrada. 
     Cuando pensamos de Jesucristo, pensamos en su mensaje de amor – amor de Dios y amor de nuestro prójimo.   Pensamos en al curación que llevaba a los enfermos y a los pobres.  Pensamos en su mensaje de paz.  Entonces, en el Evangelio de hoy, cuando escuchamos el mensaje de Dios sobre divisiones que El lleva a las familias, es un choque.
     Cuando pensamos en paz, penamos en nuestro punto de vista, en paz como silencio y tranquilidad y orden, en la ausencia de la guerra.  Pero, Israel era una cultura de mucha actividad, de ruido y espontaneidad. Israel era una nación, pero con poderes extranjeros llegando en su región.  En esta realidad, hay la ideal “Shalom” o “paz”, un paz para confrontar los conflictos, para hacer algo entero y completo.   En Israel, con paz, siempre tenia justicia y compasión.
     Con el mensaje de Cristo, su paz es diferente de la paz de nuestro mundo, es diferente de la ausencia de la guerra.   Este mensaje de Cristo lleva la división al mundo con su desafío a las normas y el poder del mundo.  En el mensaje del Papa Francisco, decía que nosotros como discípulos de Cristo necesitamos hablar sobre el mensaje de verdad y de amor al mundo, y es un mensaje que no tiene hipocresía. 
      En el mensaje del Evangelio de hoy, Jesús viaja a la ciudad de Jerusalén, y El conoce que este viaje no llevará la tranquilidad a su vida.  Tenía el bautismo en las aguas del Río Jordán, pero conoce cuando llega en Jerusalén, recibirá un bautismo del fuego y morirá en la cruz.  Tenía mucha presión en su viaje porque sabía que su viaje trae la división, el conflicto, y la inquietud.   Pero, Jesús continua a predicar su mensaje, para decir la verdad y para desafiar el pueblo.
      No es fácil para ser cristiano en el mundo hoy.  A veces, el mensaje de Cristo que vivimos ofenderá el mundo.  A veces, nuestro prójimo no está cómodo con la honradez de esta mensaje.  Los Papas – Juan Pablo II, Benedicto XVI, y Francisco – dijeron que el relativismo es el valor mas peligroso en nuestro mundo.  El relativismo significa que en el mundo, la gente no quiere ver la verdad como absoluto, porque quiere crear su propia criterio moral, justificando sus acciones y sus pensamientos.   El nombre del Papa Francisco viene de San Francisco de Asis – un hombre de paz.  Pero, el Papa Francisco explicaba que al verdadera siempre tiene la verdad, y paz verdadera no puede existir si cada persona tiene su criterio propio y si cada persona reclama sus derechos exclusivos sin consideración por la verdad universal.  Hay muchas personas que dicen que son católicos, pero no consideran ni las enseñanzas de la Iglesia ni la verdad que Cristo nos enseña.  Ellos solo tienen sus valores personales y la verdad de ellos mismos.
     Esta época es un desafía, es verdad, pero siempre, en cada época, es un desafío para vivir el mensaje del Evangelio en nuestra vida, para aplicar el Evangelio a nuestra realidad y para predicar este mensaje al mundo por nuestras acciones y nuestra vida.  Aún, es nuestra llamada para vivir el Evangelio, y en verdad, no es fácil.   

Tuesday, August 21, 2012

8/19/2012 – Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario – Juan 6,51-58, Proverbios 9, 1-6.


        En el Evangelio de hoy, del sexto capitulo de San Juan, las enseñanzas de Cristo nos ayudan en nuestro entendimiento de la Eucaristía que recibimos en la Misa cada domingo alrededor de la mesa del Señor.  Jesús nos explica – si comemos su carne y bebemos su sangre como la verdadera comida y la verdadera bebida, permanecemos en El, y El permanece en nosotros.  Tenemos estas enseñanzas muy claras, pero una parte la Eucaristía es siempre un misterio para nosotros.   Si es difícil para entender la Eucaristía hoy día, podemos imaginarnos el susto en el época de Jesús, cuando la gente escuchaba esta explicación por la primera vez.  La Eucaristía es un misterio de fe, ¿pero como podemos entender la enseñanza de Jesucristo que El es el pan vivo?
     Tuve una conversación con un chico en su preparación de confirmación.  El me preguntó: “Padre Lincoln – en verdad, ¿Usted puede decir que cree en la presencia verdadera de Jesucristo en la hostia en la Eucaristía?”  Yo expliqué que en verdad, yo lo creo, y yo utilicé un ejemplo. Podemos mirar la tecnología de nuestro mundo.  Puedo viajar por avión – puedo salir de Jackson por avión en la mañana, y puedo llegar en Canadá en la tarde.  Puedo creer en la tecnología del avión, pero no entiendo las leyes científicas de las aviones porque no soy ingeniero, no soy físico.  Asimismo, puedo creer en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía cuando no entiendo las leyes de transubstanciación.  Aun, puedo creer en el cuerpo y la sangre de Cristo que recibo. Tenemos el mandato para creer en nuestro corazón, para creer en nuestro intelecto, para creer en nuestro ser que recibimos Cristo verdadero en nuestro vida.  Como católicos, esta creencia es muy importante. 
      En la primera lectura de Proverbios, tenemos consejos para entender Cristo como el pan de vida.  La lectura nos aconseja: Dejen su ignorancia – avancen por el camino de la prudencia.  La Sabiduría tiene un banquete para nosotros.  Los sencillos, ellos que busquen a Dios en su vida con corazones sinceros y con gozo – ellos son los invitados del banquete.  Este banquete que la Sabiduría nos preparó prefigura el cuerpo y la sangre de Cristo que nos da vida.  La comida que comemos aquí en la tierra, nos da la fortaleza para vivir nuestra existencia terrestre.  Pero, en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, tenemos comida espiritual para nuestro viaje espiritual. 
      En la Eucaristía, no podemos comprender con nuestros ojos, con nuestros dientes – es una unión con Cristo que tiene el poder de la vida nueva, afuera de nuestro conocimiento humano.  San Ignacio de Loyola nos explica – la esencia de Dios, el ser de Dios, nos entran cuando recibimos la Eucaristía.  El misterio divino de la Eucaristía requiere que vivimos la realidad de Cristo en nuestras vidas, pero también que contemplamos la profundidad de esta realidad, que crecemos en sus demandas.  Podemos reflexionarnos sobre el pan de vida que recibimos, sobre la presencia de Cristo que entra en nuestros cuerpos en una manera muy especial. ¿Tiene un impacto en nuestra vida? ¿Tiene una influencia en nuestra manera de vivir, de pensar, de hablar, si en verdad creemos en la presencia de Cristo que está con nosotros. Si entramos en la vida nueva de Cristo – tendremos una transformación con El y en El.  Si Cristo vino aquí para hablar con nosotros, si preguntamos sobre la manera de transformación y cambio que tenemos en la Eucaristía en nuestra vida, ¿cómo podemos responder?